miércoles, 12 de abril de 2017

No podemos relativizar lo absoluto.



                                                                    


En el último año se ha desatado en España una suerte de orgía continuada de ofensas contra cualquier realidad o manifestación católica.

 Estos ataques parten desde aquellos medios que se han dado en llamar progresistas, unos ataques que llevan a cabo los tontos útiles del sistema liberal anti-católico a través de  las feministas y su” cruzada”  en contra de la supuesta máxima expresión del inexistente patriarcado  que sería la iglesia católica, una actividad feminista agresiva  que va desde ataques físicos contra capillas en el momento en que se  celebra la Santa Misa a “procesiones” de mal gusto en las que se mofan de los pasos de Semana Santa pasando por agresiones a obispos y sacerdotes .

                                                              


                                                        



Los representantes políticos de la extrema izquierda no se quedan atrás y en todas las instituciones no paran de presentar proposiciones para que desaparezca todo rastro popular religioso: desde el tañido de las campanas en los templos a la presencia de capellanes en los ejércitos.



Pero hay otro ámbito en el que este anticatolicismo se plasma de manera más burda aún, es el que conforma gran cantidad de actividades de un llamado “arte alternativo” con exposiciones sacrílegas como esa en las que se llegaron a utilizar Sagradas Formas para conformar frases alusivas a la supuesta pederastia del clero católico, como muestra de lo que denominan transgresión festiva nos encontramos con concursos de “drag-queen” como el realizado en el Carnaval de Gran Canarias o las alusiones ofensivas en el llamado desfile del orgullo gay, etc.  
                                          


A todo esto  habría que añadir la vergonzosa toma de partido de una magistratura  que ha tomado partido por el mal al desestimar la práctica totalidad de denuncias presentadas contra las ofensas o sacrilegios cometidas al considerarlas como un ejercicio de la libertad de expresión o como meras manifestaciones artísticas.



Pero aparte de los sacrilegios y las blasfemias a las que he hecho referencia lo que más me indigna es como la inmensa mayoría de los católicos, incluido la mayor parte del clero y la jerarquía, se mueven dentro de un relativismo antropocéntrico a la hora de oponerse a los ataques de que es objeto la religión católica, la Iglesia, la Santísima Virgen y Nuestro Señor Jesucristo, en lugar de defenderlo  directamente, sin mediación de sentimiento o sensación humana. sólo por la realidad absoluta  de un Dios digno de veneración y respeto.

                                                                            

Lejos de reconocer lo absoluto, en la actualidad lo relativizan, y lo hacen desde el momento en que centran la defensa de lo sagrado en la defensa de las creencias y sentimientos religiosos. En otras palabras, parece que para ellos N. S. Jesucristo merece ser protegido de una injuria no tanto por la realidad de ser Dios y ser nuestro Salvador sino por el hecho de que nuestros sentimientos son ofendidos, en otras palabras, que si una sociedad o persona terminase por no creer, Dios como única verdad absoluta perdería el derecho a ser adorada, defendida y respetada.



Sin darse cuenta los que tratan de defender a Dios desde la exigencia del respeto a la sensibilidad y a las creencias propias están negando la Dignidad divina y sus derechos como tal.

                                                           

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