viernes, 11 de marzo de 2016

Un Tratado criminal.



                                                                           



A causa del acuerdo que la Unión Europea ha suscrito con Turquía para intentar solucionar la grave crisis causada por la inmigración de los que se han dado en llamar “refugiados sirios”, ( que ni son refugiados pues han atravesado más de  cuatro países que no están en guerra ni tienen problemas de violación de los derechos humanos, ni en su inmensa mayoría proceden de Siria ya que suelen ser somalíes, eritreos, afganos, irakíes, pakistaníes o de países del norte de África) nuestra patria está a punto de sufrir la que quizá sea la mayor crisis que haya padecido a lo largo de su historia.
Para poner freno a la verdadera invasión que padece Europa, los gobiernos de los veintiocho países que componen la Unión Europea han firmado un acuerdo con Turquía para que contuviese en su territorio a los “refugiados” y aceptase todos aquellos que hubiesen podido entrar en territorio griego. De esta manera quedaría sellada la que se ha dado en llamar “ruta de los Balcanes”.

                                                                   

La cuestión está en que si finalmente se consigue sellar esa “ruta de los Balcanes” se estaría protegiendo exclusivamente a Alemania a Francia y a los países nórdicos ya que el  camino que primordialmente utilizan los “refugiados” para llegar a Alemania y a Suecia ya no sería viable.  
Es muy lógico pensar que ello no será óbice para que los “refugiados” traten de seguir llegando a Europa, ni que las mafias que se lucran con su traslado abandonen el negocio.
Si no pueden llegar a lo que se les ha vendido como el continente-paraíso  a través de Turquía y Grecia van a buscar una nueva entrada, eso es seguro.
Y que nadie dude que la encontrarán con la ayuda de esos que tratan de acabar con la identidad cultural, de fe y racial europea.
La opción más sencilla la hallarán en el lado opuesto del Mediterráneo, o sea  a  través de Ceuta y Melilla, de las costas de España y de las costas italianas.

                                                              

La frontera sur de Europa no ha tenido ni tiene un valor especial para los intereses del eje Franco-alemán  ni para el de los países nórdicos. En otras palabras, que la Unión Europea  no dedicará dinero ni esfuerzos para defender a los países mediterráneos de la invasión de “refugiados”, todo lo contrario  puesto que España e Italia se convertirían en una especie de colchón frente a la invasión migratoria.
 Es más,  hasta ahora lo único que hemos visto son directrices comunitarias que han puesto trabas a la defensa de nuestras fronteras de Melilla al prohibir por inhumanas las concertinas y  al condenar por contrarias a derecho las “devoluciones en caliente”.

                                                             

A todo esto hay que sumar que en estos momentos sobre España pende, a modo de espada de Damocles, el gobierno de populistas y adláteres que lejos de aumentar la defensa de nuestras fronteras amenazan con “tirar las vallas” y el “papeles para todos”.
                                                             

 Nuestras ciudades africanas y las costas mediterráneas pasarán a ser un verdadero coladero por el cual penetrarán sin problema alguno   cientos de miles o millones de africanos que buscarán en Europa esa tierra que mana agua y miel donde poder vivir sin necesidad de trabajar, unos países mediterráneos en los que sólo encontrarán paro y pobreza, una situación que romperá sus expectativas y que les transformará en resentidos que provocarán un enfrentamiento abierto con los lugareños.
Italia será junto a España el otro punto de entrada de los “refugiados” que tratarán de ocupar nuestro continente.

                                                                  



Y que todo aquel que vea en esto un posible enriquecimiento cultural que se vaya olvidando, puesto que la experiencia muestra como la multiculturalidad ha sido un absoluto fracaso en toda Europa.
 Además hay que tener en cuenta que  los que entren por nuestras costas proceden bien de países norteafricanos, en su gran mayoría musulmanes o bien proceden del África subsaharian. En ambos casos las costumbres y la cosmovisión con respecto a la libertad, a la dignidad, al orden o a la concepción de la mujer no sólo es distinta a la occidental sino diametralmente opuesta.

                                                                   


Si a todo esto le sumamos el gravísimo problema de seguridad que este aluvión de “refugiados” constituiría tanto para España como para Italia, se nos viene encima un cataclismo del que nadie quiere hablar para no  ser señalado como racista, xenófobo o nazi.

Pero el problema laboral, de seguridad ciudadana, de terrorismo y de lucha identitaria está ahí.

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