jueves, 24 de noviembre de 2011

La problemática del capitalismo referida al salario de los trabajadores


El capitalismo , que no ha de confundirse con la propiedad privada dado que de hecho  es  negación de la misma,  da lugar a una injusticia que tiene su origen en la misma concepción de lo que para este sistema económico es la actividad laboral.
En el capitalismo nos encontramos con que existen unos pocos que son dueños  de los medios de producción. , los cuales  basan el origen de sus beneficios en el alquiler de unos sujetos, los trabajadores, a los que pagan una cantidad de dinero, en ocasiones mísera, para que haciendo uso de esos medios de producción obtengan  unos rendimientos de los  que el trabajador no participa  al haber recibido un dinero por su trabajo. De este modo  el trabajador asalariado pierde todo derecho sobre lo que ha producido. No recibirá nada más, y el  beneficio íntegro irá a engrosar los bolsillos de los capitalistas.
No ha de perderse de vista que los medios de producción por si mismos no producen  nada y por tanto no aportan beneficio alguno para sus dueños. Del mismo modo el  trabajador que está  ejerciendo su actividad laboral en una empresa tampoco podría recibir salario alguno sin  la presencia de tales medios de producción, ambos por tanto resultan  imprescindibles a la par que complementarios. Ahora bien, el hecho de ser ambos imprescindibles y mutuamente necesarios no da lugar a una  equitativa distribución  de los beneficios si no a una clamorosa injusticia.
El sistema capitalista no hace otra cosa que desvincular al trabajador del producto de su trabajo
Lo que en justicia tendría que ocurrir es que el beneficio se dividiese en partes al menos iguales entre los dueños de los medios de producción y de los trabajadores que  hacen que estos cumplan su función de producir.
El capitalismo  parte también de otro error , y es considerar al estado como un mero observador que vigila el libre funcionamiento de la ley de la oferta y la demanda.
Pero esa supuesta inexorable ley de la oferta  y la demanda  no pasa de ser una forma de encubrir  la obligación de estado de velar por  el bienestar del trabajador y la justicia en las relaciones entre empleadores y trabajadores. Para los intereses capitalistas  es preciso que  el estado  se vea reducido a un mero  espectador que   de hecho apoya al capitalista frente al más débil, el cual al no  contar con medio de producción alguno debe someterse a la voluntad de aquellos que los poseen.
En épocas de crisis como la actual en las que  la oferta es infinitamente mayor a la demanda  el trabajador ha de plegarse a las condiciones que el capital le imponga. Eso sí, será “libre” de negarse a aceptar las condiciones que le imponga el empleador. Lo que ocurre es que  esa supuesta libertad no es tal puesto que la negativa en muchos casos la pagaría  con el precio de morir de hambre o el de malvivir miseramente.
Circunstancias particulares que se dan en colectivos concretos como el de los discapacitados hacen que las injusticias del capitalismo lleguen a un grado superlativo. 
Precisamente debido a las apremiantes  circunstancias económicas a las que se ven expuestas las personas que forman parte de estos   colectivos sus emolumentos pueden ser aún menores dado que la presión  de los empleadores puede ser aún mayor y el salario menor aunque su producción sea igual e incluso mayor que el que otros pudiesen desarrollar.
Nada variará puesto que el  beneficio  revertirá en exclusiva a los dueños del capital y de los medios de producción  , la única diferencia vendrá marcada por el hecho de que  los salarios que en teoría justificarían , para la visión capitalista , que el    trabajador no  tenga ningún derecho sobre el   beneficio derivado de su trabajo resultarán ser menores a la par que las ayudas y subvenciones que la empresa recibirá por emplear a discapacitados engrosarán aun más los ya repletos bolsillos de los capitalistas. En este caso la situación de los  trabajadores  se verá agravada por  la  mayor indefensión del  trabajador discapacitado ante el poder del capital dada la precariedad económica en la que se encuentra derivada de su  problema concreto.
A todo esto se añade que en la situación actual de crisis económica   la presión  sobre el trabajador es mayor, casi insoportable, dado que si él trabajador no acepta  ocupar el puesto bajo las condiciones que el  empleador ofrezca, por muy  penosas económicamente que estas sean, siempre habrá otro  sujeto  dispuesto a aceptarlas. El sector de Telemarketing es un  claro ejemplo de esta situación dada la precariedad que los sujetos, especialmente los discapacitados, se ven obligados a aceptar puesto que en no pocos sasos este es el último  asidero para poder sobrevivir  con un mínimo de dignidad.
Esta es la realidad del problema, pero cual es la alternativa  que ponga solución a esta injusticia social?

Habiéndose  expuesto más arriba  cuales son las bases de la injusticia social que afectan al trabajador frente a la presión capitalista, nos referiremos a varios aspectos:

El primer aspecto que abordaremos se refiere a los beneficios de la explotación de los medios de producción, que como hemos señalado por si mismos no producen nada, precisan de la actuación de los trabajadores para que puedan  dar lugar a  un rendimiento económico. La solución  en lógica resulta muy sencilla aunque la puesta en práctica de tal solución  no lo es tanto. La  medida justa y lógica  sería  que los beneficios surgidos del trabajo aplicado a los medios de producción revirtiese de un modo muy similar entre trabajadores y los propietarios de los medios de producción, digamos que a partes iguales.
El beneficio  destinado a los trabajadores se incluiría por un lado en un aumento sustancial del salario que  recibe y por otro en un depósito dirigido a  fondos que garantizasen  su  calidad de vida una vez terminase su actividad laboral.
La segunda cuestión  se referiría al papel que el estado, habría de tomar dada  su mayor potencial económico y fortaleza coactiva, habría de tomar para arbitrar las medidas precisas para que la justicia reinase en las relaciones trabajadores y empleadores, especialmente a los capitalistas.
 El estado debería  tomar una posición para que la  ley de la oferta y la demanda no fuese la que dirigiese  las relaciones laborales si no que  fuese la justicia social la que moviese su actuación impidiendo que  una mera actuación  de vigilante aplicador de los convenios colectivos permitiese que el  pez grande, fuerte económicamente, se comiese al chico, que tan solo cuenta con el alquiler de su fuerza productiva..  Poniendo especial  atención  el estado en la protección de las condiciones laborales entre colectivos como el de los discapacitados por su especial  problemática.
El tema de los convenios colectivos ha de ser tomado en consideración ya que la indefensión de los trabajadores frente a la posición dominante de los capitalistas  llevaría a que  las relaciones de injusticia obtuviesen una formulación legal que obligaría al estado a velar por su cumplimiento  y aplicación. Desde una visión  contraria al injusto capitalismo   el estado velaría por  la justicia de las relaciones  por encima de  la  imposición del capitalista sobre el trabajador.


                                                                                     
                                                                                              

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