miércoles, 9 de noviembre de 2011

La Iglesia y ETA

Como hijo y miembro de la Iglesia Católica me duele escribir la siguiente entrada, pero aún me duele más la vergonzosa postura que ha mantenido y aún mantienen muchos sacerdotes vascos y del mismo modo me  causa escándalo que se mantuviese en su puesto a cierto obispo,con lo que entrañaba de implícito apoyo del Vaticano  a la postura filo-terrorista que este mantenía. 
Pero nunca olvidemos que la Iglesia  es una institución de  origen divino y santa, los que pecan son los hombres que la componen, no ella.




         Las relaciones que desde los inicios de la banda terrorista han existido entre esta y la Iglesia católica han sido ciertamente constantes y sumamente fluidas, tanto que ETA  ha recibido un apoyo que ha ido en no pocas ocasiones más allá del sustento ideológico para recibir incluso apoyo logístico.
Antes de entrar a narrar cuales han sido estos apoyos, es preciso  señalar que  el fundador del PNV, Sabino Arana, contaba entre una de las bazas fundamentales del nacionalismo la confesionalidad a modo de una visión en la que la religión era una parte  más de esa forma de contraponer lo vasco a lo español. Para que no haya duda alguna de esto vamos a reproducir algunos  textos de Arana referentes a lo señalado:

-“En Vizcaya no se puede ser a la vez patriota y liberal, porque nuestro lema patrio Jaun-Goikua eta Lagi Zarra, al cual no puede quitársele nada, con su primer término significa que de Dios dimana toda potestad y que las leyes católicas son base de la legislación”.

-“El pueblo español, no obstante los largos siglos en que ha gozado de gobierno y  legislación católicos siempre se ha resistido a su  benéfica influencia, siempre ha permanecido irreligioso e inmoral, de suerte que su actual carácter  no puede atribuirse en manera alguna al gobierno y a la legislación liberales que al presente rigen, sino que éstos así le encontraron”.

-“Entregad este pueblo en brazos del maketismo es precipitarle en los abismos del infierno”.

-“...Vizcaya dependiente de España, no puede dirigirse a Dios, no puede ser católica en la práctica”.

Un segundo aspecto que han dirigido la posición que la Iglesia católica en torno a lo que se refiere al nacionalismo vasco en general y a la organización ETA en particular lo encontramos en la tendencia que en torno a los años 60 tomó una parte del clero   con respecto a las posiciones revolucionarias izquierdistas, denominada Iglesia de base o del pueblo.
Tampoco hay que perder de vista  el sentimiento antifranquista que  había prendido entre una parte no pequeña del clerecía vasca con ansias de revancha tras la derrota republicana  y la posterior persecución de clérigos que habían sido a su vez nacionalistas.

La cobertura que recibió ETA desde sus inicios partió tanto de párrocos como de obispos, todos los niveles y numerosas órdenes  estuvieron implicadas.
Aunque ya en la I asamblea ETA  se ha posicionado  doctrinalmente al definirse como socialista, revolucionaria y separatista y en la II ha adoptado los principios de la Guerra revolucionaria y ha comenzado a sabotear usando explosivos, se celebraron la V- 1966 en la Casa Sacerdotal del Párroco de Gastelu y la segunda parte de esta  en la Casa de Ejercicios de la Compañía de Jesús  en Guetaria. Fue en esta  V  asamblea.
Pero la cosa va más allá puesto que tras los primeros asesinatos, que se produjeron en el año 1968 y 69 se celebran  la V asamblea hasparren en El Colegio S. José de esta localidad francesa.
En la reunión de 1972 en que ETA firma un pacto de colaboración con el IRA, será un sacerdote el representante permanente ante la banda irlandesa.

Según el sociólogo norteamericano  Robert Clark, la participación  hasta 1978  de sacerdotes religiosos y seminaristas en ETA fue de un 73%, habla de  militantes, no sólo de simpatizantes, que serían un porcentaje mucho mayor.
                                                                             
El posicionamiento de la Iglesia en Vascongadas  comienza cuando el 30 de Mayo de 1960 se hace pública un carta colectiva   del clero vasco, firmada ni más ni menos que por 339 sacerdotes vascos que decía: “...en las comisarías de Policía de nuestro país se emplea  el tormento como método de exploración y búsqueda del trasgresor de una ley muchas veces intranscendente y no pocas injusta...” En el comunicado venían a defender que  aunque la ley estuviese del lado de la policía, la justicia estaba de parte del agresor.
El Seminario de Derio fue la cuna de oposición clerical al régimen de Franco y del terrorismo.

Tras una fuerte campaña de proselitismo realizada a la salida de iglesias y colegios, la  militancia de ETA aumenta de modo espectacular.
A partir de esos momentos la Iglesia les apoya, se dedica a esconder a sus militantes y colabora en la difusión de sus publicaciones.
De este modo las FOP (Fuerzas de Orden Público) comienzan a ver con malos ojos a sacerdotes y religiosos vascos.

A principios de los años 60  la oposición al régimen del Movimiento Nacional  aumenta por todas partes, y en esas fechas nace la idea de  formar  un sindicato libre que aglutine a todos los “curas” de  Vizcaya. La idea es apoyada por curas y religiosos rurales como: Gabicagogeasoa, Berrioategortúa y Kalzada y por la mayor parte de los “curas obreros”. De esta forma se estaba transgrediendo la entonces legislación vigente en cuanto a sindicación.
ETA en el nº 45 de su boletín  Zutik de 1966 recuerda a los  curas vascos lo siguiente: “... el sacerdote ha de estar en la lucha con el pueblo, como uno más..”
De esta situación surge la comunión entre la Iglesia Vasca, sobre todo el clero  puesto que la jerarquía colaboraba con el régimen de una u otra forma, y los movimientos de liberación.
A finales de los 60 ETA había iniciado  su acción ya su acción de sabotaje e incluso había realizado algún asesinato, pues bien la Oficina Política del grupo terrorista encontró en el clero una inapreciable ayuda.
Según Antonio Ayestarán: “... en cada sacristía del País Vasco se abre una escuela social dirigida por un marxista-leninista del lugar...La “evangelización” se efectúa a través de un programa de veinte charlas, estándar, constituyendo la primera de ellas la lucha de clases en Asiria y Babilonia, dividiendo la sociedad en burgueses y proletarios, en buenos y malos, siendo los malos los sucesivos burgueses babilonios, asirios, egipcios, griegos, etruscos, romanos, visigodos, etc..., hasta llegar al País Vasco, en el que los malos, malísimos eran  los burgueses vascos nacionalistas, léase el Partido Nacionalista Vasco”.

A partir de 1967, año en el que se declaró el estado de excepción en Vizcaya se produce en el clero vasco una clara separación, por un lado estaría la reformista, que buscaría introducir cambios pastorales con el apoyo de la Jerarquía, en este grupo se incluirían los 17 profesores del Seminario de Derio, y por otro estaría la corriente contestataria que buscaría la lucha fuera del sistema. Los contestatarios  se fusionan con el JARC (Juventudes Rurales de Acción Católica), que desde el año 1965  actúa con ETA.

Los curas reformistas se comienzan a manifestar , Bilbao 12 de Abril de 1967,para mostrar su oposición  tanto al  régimen de Franco como a la Jerarquía eclesial. Más tarde un grupo de 107 sacerdotes y religiosos escriben una carta pública contra el estado de excepción
La lealtad de estos curas y religiosos a ETA  se pone de manifiesto cuando la Oficina Política de la organización terrorista celebre su primera parte en la Casa Cural de Gazteu y la segunda parte de la V asamblea en la Casa de Ejercicios Espirituales que la Compañía de Jesús tenía en Guetaria.

Debido a los asesinatos y a la posterior represión ejercida por las Fuerzas de Orden Público se creó un ambiente verdaderamente irrespirable. 15 sacerdotes vizcaínos se encierran en las oficinas del obispado de Bilbao, entrando la policía con la prohibición expresa de Monseñor Ciranda. En un Consejo de Guerra dos serán condenados a 10 años y otros a 12.
Consecuencia o no de los episodios arriba referidos, lo cierto es que el 7 de Julio de 1969 aparecerá un documento que firmarán conjuntamente PC, ETA y los curas vascos.

A finales de 1968  la entrada de nuevos seminaristas comienza a descender de modo vertiginoso en Guipúzcoa, En Álava y Vizcaya se mostrará de forma clara entre 1970-71. Debido a esto bajará la cantidad de curas que prestan ayuda a la organización terrorista, aunque aquellos que lo hagan  se comprometerán con una mayor participación y riesgo.

Resulta muy esclarecedor el dato de que de los 16 procesados en el juicio de Agosto de 1970 2 de ellos eran sacerdotes, implicados por colaboración con la banda terrorista.
Cuando los atentados y los asesinatos arreciaban un amplio sector del clero daban un tristísimo espectáculo cuando se acercaban a las puertas de los pueblos para consolar a  las viudas  de los etarras o etzainas muertos en enfrentamientos pero  siguiendo  instrucciones de  los obispos vascos dejaban de lado cualquier humano acompañamiento  de las mujeres e hijos de guardias civiles y policías asesinados. Esta posición llegaba al extremo de no rezar siquiera un responso por sus almas. Esta actitud verdaderamente falta de todo atisbo de cristianismo había hecho que en no pocas ocasiones los entierros de guardias civiles y policías  se celebrasen sin misas ni responsos y que saliesen los coches mortuorios del Gobierno Civil donde sus familiares y compañeros velaban los cadáveres saliesen de modo precipitado y “por la puerta de atrás”  en dirección a su tierra de origen.

Cuando el 25 de Marzo de 11983 se produjo uno de los primeros asesinatos de la época socialista, el agente de la Guardia Civil  D. Ramón Martínez García, el dirigente del PSOE se entrevistó con el obispo Setién  para que autorizase que se celebrase un funeral solemne en la catedral, el religioso se negó rotundamente.
En otra ocasión, al  preguntado por la dirigente del PP en San Sebastián María San Gil sobre el mismo tema, Setién le contestó con una pregunta; “¿En que parte de los Evangelios está escrito que Dios debía tratar a sus siervos por igual?”.
En alguna ocasión dijo que permitiría la celebración de un funeral en la iglesia del Buen Pastor pero bajo ciertas condiciones, como que no entrase el féretro cubierto con la bandera rojigualda en el templo.

Las situaciones eran verdaderamente vergonzosas, en una ocasión se celebraba  una misa en la iglesia del Buen Pastor por el artificiero de la Policía D. Aniano Sutil Pelayo que murió desactivando una bomba de ETA. Se cumplió la imposición del clero y el ataúd entró  y se colocó sin la bandera. En mitad de la misa se levantó el coronel de la Policía Nacional de Basauri a colocar la bandera nacional sobre el féretro, en ese momento el oficiante interrumpe la ceremonia y mira inquisitivamente al ministro D. José Barrionuevo, el cual para evitar que incidentes  ordena que la bandera sea retirada. En cambio cuando los fallecidos son miembros de ETA las cosas transcurren de un modo muy diferente. Citaremos un solo ejemplo:  Unos meses después del incidente recién reseñado, el 19 de Abril, mueren dos etarras, Felix Bandiola y José Antonio Gárate mientras preparaban una bomba que les explotó en las manos. En este caso las honras fúnebres se celebran con todos los honores y con la ikurriña  no sólo sobre los cadáveres, se encuentra por todas partes.

La cooperación de la Iglesia con ETA no se redujo exclusivamente a párrocos aislados, sino que durante estas tres últimas décadas la jerarquía  ha tomado una clara posición en pro de la postura digamos nacionalista, y en no pocos casos de los terroristas.

Nos referiremos en ahora al archiconocido Monseñor D.  José María Setién. Fue nombrado obispo de San Sebastián  por la Santa Sede. Desde un inicio se ha mostrado especialmente beligerante en contra de las Fuerzas de Orden Público que considera “enemigas del pueblo vasaco”. Impartió instrucciones de que nadie acudiese a los acuartelamientos de la Guardia Civil a celebrar los sacramentos el día de la patrona de la benemérita.

Es triste para un católico tenerlo que decir, pero todas estas cosas pasaban sin que desde la Jerarquía nacional (Conferencia episcopal) se llamase al orden ni que la Santa Sede pusiese un obispo digno que sustituyese al abominable Setién. (Al que Dios perdone pues yo  no puedo)
                                                                             

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